Quince veteranos ecuatorianos no pudieron cruzar a Lambayeque porque un trámite del bus debía gestionarse en Lima; cantaron el Himno Nacional frente a una pantalla y enviaron su mensaje a los excombatientes del Perú.

Redacción Local
«Qué hermoso es poder abrazar a un peruano y estrecharle la mano», dice Manuel Villacís, presidente de la Asociación de Militares en Servicio Pasivo del cantón Chinchipe. La frase encierra el sueño que la frontera les negó este 26 de octubre: la delegación chinchipense no pudo llegar al encuentro binacional en Lambayeque y conmemoró la firma de la paz desde la casa de un compañero, frente a una pantalla gigante, según las entrevistas realizadas para ChinchipeHoy.com
El bus que llegó hasta La Balsa
Los veteranos de guerra del Perú invitaron a sus pares ecuatorianos a un encuentro en Lambayeque, cerca de Chiclayo. La asociación de Chinchipe se preparó. Solicitó el apoyo del alcalde Henry Ordóñez, quien les facilitó un bus, y la delegación se trasladó hasta el puente internacional La Balsa.
«En Ecuador no tuvimos problemas. Registramos el vehículo y pasamos al Perú, pero allí ya no dejaron avanzar al bus», relata Villacís. El inconveniente fue un trámite que competía al Ministerio de Transporte de Perú y que debía gestionarse en Lima. «No había luz ni forma de llamar a los compañeros de Lambayeque para explicarles lo que ocurría», recuerda.
El sargento en servicio pasivo Byron Guerrero, quien también integraba la comitiva, confirma la versión y añade otro matiz. «No hubo las debidas coordinaciones con las autoridades de más arriba y la aduana impidió el paso. Nos decían que siguiéramos adelante y querían que pasaran los vehículos pequeños», sostiene.

Una ceremonia frente a una pantalla
El 26 de octubre, a la hora señalada, los veteranos no estaban en Lambayeque. Estaban en la casa de su compañero Darwin Herrera. El coordinador en Perú, Heriberto Galindo Caro, les pidió que se conectaran por Zoom. Quince personas, uniformadas como para el desfile, cantaron el Himno Nacional del Ecuador.
«Fue muy bonito, aunque nos dio pena no poder llegar. Demostramos que nuestro patriotismo y compañerismo siguen intactos», afirma Villacís. «Soldado un día y soldado toda la vida», recuerda. Del otro lado, la ceremonia era formal: legisladores, y embajadores. «Inclusive, el compañero que estaba destinado a dar un discurso también lo dio por Zoom. Jimmy Guerrero dio un bonito discurso», cuenta Guerrero.

Dos hombres que vivieron la guerra
Manuel Villacís salió de Chinchipe en 1983, invitado por la Brigada de Fuerzas Especiales Patria N.º 9. Formó parte de la primera promoción de comandos paracaidistas de la brigada, en Latacunga. Se jubiló en 2007. En 1995 participó en el conflicto, en Banderas, en la Brigada Alfaro, y dio seguridad en Arenillas y Huaquillas. Tiene 46 saltos en su carrera.
Byron Guerrero nació en Zumba en 1974. Inició su carrera militar en 1995 como soldado de infantería. Caminó la frontera norte desde Tiputini hasta Esmeraldas. Estuvo en el Cenepa, en Maizal y Tiwintza, como abastecedor de pertrechos y logística. Lleva ocho años retirado y hoy se dedica a la ganadería y al transporte.
Los dos vivieron la guerra. Los dos aprendieron a valorar la paz.

La paz que se construye con obras
Para estos veteranos, la paz no es solo un tratado. Es también una carretera. «El Cuarto Eje Vial sería una prioridad para Chinchipe y La Balsa. Facilitaría muchas cosas. Queremos que se le dé prioridad», reclama Villacís. El mensaje también querían compartirlo en Lambayeque con sus hermanos peruanos, para hacerlo llegar a los dos gobiernos.
Guerrero lo dice sin rodeos: «La firma de la paz es el inicio para que nos llevemos como hermanos entre países. Los invito a velar por la seguridad de nuestros países y a que las fronteras se abran para que nosotros también podamos cruzarlas, y no tengamos que llegar hasta el límite sin poder avanzar más».

«Yo no le deseo una guerra a nadie. La guerra no es nada buena», sostiene Guerrero. «Se firmó el tratado de paz para que haya libertad y para que nos enfoquemos en otros ámbitos, tal vez en la seguridad de nuestros países, para que también fluya el comercio entre los dos países y haya una hermandad más cercana».
El próximo año, en Zumba
La asociación ya piensa en 2027. «Si Dios lo permite, tenemos previsto realizar aquí, en Chinchipe, el evento por el aniversario, junto con los veteranos de guerra del Perú y con el apoyo de nuestras autoridades», adelanta Villacís. Sería la segunda vez que los peruanos visitan suelo ecuatoriano.
Mientras tanto, la pregunta queda flotando: ¿tiene sentido que un trámite administrativo impida el reencuentro de quienes alguna vez estuvieron en bandos opuestos y hoy solo quieren abrazarse? La respuesta, como la paz, sigue pendiente de construcción. (I)
