El control del ruido provocado por motocicletas, autos particulares y buses urbanos en Loja enfrenta una importante limitación técnica. Actualmente, los agentes civiles de tránsito no disponen de sonómetros en las calles para medir los decibeles de los automotores en circulación. El único dispositivo de medición con el que cuenta el Municipio de Loja está asignado exclusivamente al Centro de Matriculación Vehicular, para la revisión anual, según informó el diario La Hora .

Redacción regional
Luis Eduardo Curipoma, subjefe operativo de la Unidad de Control Operativo de Tránsito (UCOT), explicó que el control en las vías públicas se realiza temporalmente de manera «práctica y visual». Los agentes identifican las motocicletas y vehículos particulares cuyos tubos de escape han sido modificados de forma evidente para generar un estruendo excesivo .

Multas y retención por ruido
Al detectar estas irregularidades, el personal de tránsito aplica el artículo 389, numeral 7, del Código Orgánico Integral Penal (COIP), sancionando a los conductores por no cumplir con las condiciones técnico-mecánicas requeridas. Esta infracción conlleva la retención del vehículo —trasladado en grúa a los patios de retención— y una multa equivalente al 30% de un Salario Básico Unificado (SBU). El automotor permanece retenido hasta que el propietario reemplace el dispositivo alterado por uno original .
Curipoma reconoció que la falta de herramientas de medición representa un problema de planificación heredado de administraciones pasadas. Frente a esto, la actual gestión se encuentra modificando el Plan Operativo Anual y el presupuesto municipal para adquirir un lote inicial de al menos cinco sonómetros. El objetivo es distribuir estos equipos en los principales ejes viales y en los accesos de entrada y salida de la ciudad. Sin embargo, la llegada de los aparatos depende de los plazos de los procesos de compras públicas, los cuales avanzan junto a la adquisición de otros insumos como cámaras corporales (bodycams), uniformes, pintura y señalización .

Denuncias y control de ruido comercial
El subjefe de la UCOT enfatizó que los nuevos dispositivos deberán pasar por un riguroso proceso de homologación y calibración antes de ser utilizados. Mientras se espera que estos equipos se incorporen, las denuncias ciudadanas por ruidos molestos de automotores se canalizan a través del ECU 911, desde donde se coordina el despacho de las unidades de tránsito o de Control Municipal .
Por su parte, el control de la contaminación acústica estacionaria —locales comerciales con parlantes en las aceras, perifoneo o fiestas con volumen excesivo— recae directamente en la Comisaría de Ambiente. Se ejecutan operativos interinstitucionales coordinados con la Policía Nacional y los comisarios para supervisar que el volumen en eventos públicos y actividades comerciales se mantenga en el promedio permitido de 50 decibeles, logrando una reducción visible del uso de micrófonos y parlantes en las fachadas céntricas .

Ordenanza vigente, pero sin herramientas
El concejal del cantón Loja, Iván Ludeña, se pronunció sobre la problemática señalando que, aunque la ordenanza del ruido está plenamente vigente, se convierte en «letra muerta». El edil subrayó que el orden de la ciudad y el control del ruido no dependen únicamente de la dotación técnica de la autoridad, sino de un compromiso articulado y de la corresponsabilidad de los propios ciudadanos, peatones y conductores para asegurar la convivencia armónica en el cantón .
En Loja, la ley del ruido existe. Pero nadie la puede aplicar. Los agentes de tránsito no tienen sonómetros. Solo pueden ver si el escape de una moto está modificado. No pueden medir cuánto ruido hace. El gobierno municipal promete comprar cinco medidores. Pero la burocracia no avanza. Mientras tanto, los conductores siguen haciendo estruendo. Los vecinos, soportando. La ordenanza es letra muerta, dice un concejal. La corresponsabilidad ciudadana también es clave. Pero para eso, primero, hay que tener con qué medir. (I)
Con información de La Hora
