Los algoritmos reemplazan al cuarto poder

Una imagen falsa atribuida a un medio centenario y las elecciones presidenciales de Ecuador expusieron la vulnerabilidad ciudadana ante la desinformación generada por Inteligencia Artificial, un fenómeno que se alimenta de la emoción colectiva y la inmediatez digital. Claudia Rodríguez Hidalgo, docente de la UTPL, analiza las grietas del ecosistema informativo y propone el pensamiento crítico como antídoto contra la posverdad.

AUSPICIO

El 8 de septiembre de 2026, el equipo de Lupa Media desmintió una supuesta noticia que circulaba por WhatsApp. Una imagen con la apariencia de una publicación del diario El Comercio mostraba al alcalde de Quito, Pabel Muñoz, junto al exfutbolista Christian Lara, y anunciaba que este sería candidato a concejal de la capital por el Partido Socialista Ecuatoriano. Tenía el logo, la tipografía y el estilo del medio. Era falsa de principio a fin, un montaje fabricado con Inteligencia Artificial, aunque el desmentido llegó cuando la imagen ya había sembrado la sospecha.

Lara integró la selección que jugó el Mundial de Alemania 2006 y su gol ante Argentina en las eliminatorias quedó en la memoria de la hinchada; en 2026 volvió a las noticias por dos detenciones policiales.

Detrás de esa imagen hay una lógica conocida. Claudia Rodríguez Hidalgo, profesora de Comunicación de la UTPL y experta en desinformación, la resume en tres factores que forman el caldo de cultivo perfecto: emoción desbordada, inmediatez informativa y herramientas generativas al alcance de todos.

Rodríguez traza un paralelismo entre casos como este y otros escenarios de alta carga emocional como eventos deportivos, terremotos, accidentes o campañas electorales. En esas situaciones, ante la necesidad de obtener información inmediata, “bajamos la guardia”, señala. Si el contenido confirma lo que la persona ya cree, lo acepta sin verificar; si la realidad duele, la teoría del amaño encaja porque la herida emocional está abierta. Las falsedades se comparten un 70 % más que la verdad y tardan seis veces menos en alcanzar a 1.500 personas, según el estudio de Vosoughi, Roy y Aral publicado en Science en 2018.

De la viralidad a las urnas

En la campaña presidencial ecuatoriana de 2025, el equipo de Lupa Media verificó 247 contenidos virales entre el 6 de enero y el 8 de abril. El 74 % resultó falso. Uno de cada cinco contenidos falsos o manipulados incluyó elementos creados con Inteligencia Artificial: voces clonadas, avatares que presentaban noticieros inexistentes, manipulaciones que simulaban reportajes de France 24, RTVE o Noticias Caracol. El 83 % del contenido desinformativo circuló en formato visual. El 42 % usurpó logotipos, estilos y material de medios de comunicación, instituciones públicas o figuras reconocidas para construir credibilidad ficticia. Los dos principales candidatos, Daniel Noboa y Luisa González, concentraron el 38 % y el 34 % del contenido desinformativo, respectivamente.

Lupa Media también identificó campañas de desinformación financiadas a gran escala. Se detectó la participación de al menos dos empresas extranjeras: IMS Internet Media Services y Global Mind USA LLC, que difundieron contenido desinformativo a través de productos publicitarios de Google.

“En los procesos electorales, al igual que en un terremoto, se genera una gran cantidad de información y nosotros como ciudadanos necesitamos información para tomar decisiones”, afirma Rodríguez. Pero si esa información es falsa, superficial o está sacada de contexto, el votante carece de insumos reales.

El nuevo cuarto poder y la economía de la atención

La presente edición del Digital News Report, que realizan en conjunto el Reuters Institute y la Universidad de Oxford, ofrece datos clave: los políticos y funcionarios gubernamentales encabezan la lista de actores que el público percibe con mayor influencia indebida sobre la cobertura noticiosa, seguidos de los propietarios de los medios. La confianza global en las noticias cayó al 37 %, el nivel más bajo desde que el Reuters Institute comenzó a medirla en 2015, y el 62 % declara preocupación por distinguir lo verdadero de lo falso en internet.

“Cualquier actor con poder o visibilidad  como autoridades, candidatos, líderes de opinión puede ser fuente de desinformación cuando lanza acusaciones sin pruebas que luego se replican en todos lados, y eso convierte el debate público en una guerra de narrativas. Ahí los medios de comunicación tienen la responsabilidad de contrastar esas acusaciones antes de amplificarlas”, resume la docente. Y alerta sobre un ecosistema paralelo: “¿Cuántos pseudomedios tenemos? Perfiles con miles de seguidores que parecen medios de comunicación, publican todos los días, pero no tienen un rostro identificable ni nadie que diga ‘soy el responsable’ de lo que difunden”.

Rodríguez evoca un meme del investigador Carlos Scolari que resume el cambio de época: en la parte superior, la foto de un periódico quemándose con la leyenda “Adiós, viejo cuarto poder”; en la parte inferior, los rostros de Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg bajo el texto “Hola, nuevo cuarto poder”. “Hoy hay que pensar quién está controlando lo que vemos, porque ya no son los medios, somos nosotros supeditados a los algoritmos de las plataformas”, sostiene Rodríguez.

Odio, desigualdad y deshumanización

La desinformación no circula sola. Se acompaña de discursos de odio que fracturan el tejido social. La desinformación se utiliza, por ejemplo, como arma para silenciar a las mujeres en espacios públicos. En Colombia, el estudio 3.000 voces por la democracia, presentado por ONU Mujeres a finales de 2025, constató que el 78,8 % de las candidatas a alcaldías y gobernaciones sufrió algún tipo de violencia durante los comicios. El 41,2 % reportó haberla sufrido en redes sociales u otros medios digitales. El 46,1 % afirmó que no volvería a postularse.

En Chile, seis de cada diez mujeres son blanco de desinformación frente a cuatro de cada diez en hombres; y las mujeres de pueblos originarios tienen cinco veces más probabilidades de ser víctimas, según un informe del Ministerio de Ciencia de Chile.

¿Puedo confiar en la Inteligencia Artificial?

Frente a ese panorama surge la tentación de preguntarle a la Inteligencia Artificial. El 10 % de los consumidores de noticias ya recurre a chatbots para informarse, según el Digital News Report, y entre los jóvenes la cifra sube al 16 %.

Rodríguez advierte que esa práctica es peligrosa. Los algoritmos no buscan la verdad; buscan la retención. “La IA te engancha mediante la condescendencia. Siempre te va a decir ‘es una buena observación’, ‘entiendo tu punto de vista’”, describe.

Ese riesgo no es teórico. Rodríguez menciona el caso documentado de un adolescente estadounidense que se suicidó en abril de 2025 tras meses de conversaciones sobre ideas suicidas con un chatbot. “Los padres revisaron el chat después de su muerte. Según la demanda que presentaron, el chatbot validó los pensamientos autodestructivos de su hijo, le aconsejó mantenerlos en secreto frente a su familia y llegó a ofrecerse para redactar su nota de despedida” en lugar de animarlo a buscar ayuda en su entorno, relata.

La  palabra que falta

Antes de cerrar, Rodríguez propone su propia “palabra del año”, una que no aparece en los diccionarios como término de moda: pensamiento crítico. “Sin el pensamiento crítico no estaríamos hablando de desinformación como problema global, ni de posverdad. Cada vez hablamos de un fenómeno nuevo generado por la inteligencia artificial o por las tecnologías en general, pero no hablamos de la base para que todo eso no siga creciendo”.

Ejercer el pensamiento crítico empieza por depurar las redes propias. Revisar a quién se sigue, qué información aporta realmente cada cuenta y cuánto tiempo se destina al consumo digital. “Hagan una revisión de a quién siguen y qué información útil les está aportando”, pide. No es una batalla perdida, asegura, aunque advierte: “Vamos demasiado lentos. Hay que despertar”.

Investigadora

Claudia Rodríguez, Ph.D.

Comunicadora Social. Profesora titular de Teoría de la Comunicación y Opinión Pública en la carrera de Comunicación. Académicamente, doctora en Comunicación por la Universidad de Huelva, magister en Investigación de la Comunicación por la Universidad de Navarra, y licenciada en Comunicación Social por la Universidad Técnica Particular de Loja. Autora de artículos científicos para revistas indexadas y de divulgación.

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Redacción

Javier Vázquez Fernández, Mgs.

Periodista especializado en ciencia, documentalista, responsable de Cultura Científica en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) y coeditor y redactor de la revista «Perspectivas de Investigación». Máster en Estudios de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación con mención en Cultura Científica por la Universidad de Oviedo, Universidad de Salamanca y la Universidad Politécnica de Valencia (España) y miembro de la Asociación Española de Comunicación Científica (AEC2).

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Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL)

La UTPL es una institución de educación superior que surge el 3 de mayo de 1971, al sur del Ecuador, para contribuir al desarrollo sostenible del país, a través de una enseñanza de calidad en dos modalidades de estudio: a distancia y presencial, y con programas de tecnologías, grado, maestría, educación continua y formación empresarial. Alineada de forma indisociable a la academia, investigación, innovación y emprendimiento.  La universidad se fundamenta en el humanismo de Cristo para ser impulsora de una formación integral en valores y competencias académicas.

Con 51 años de experiencia, la UTPL se consolida en un Parque Científico y Tecnológico que permite experimentar y crear el propio conocimiento en apoyo al sector productivo para llevarlo a la vanguardia del siglo XXI y finalmente —desde una visión global con aplicación local— transferirlo a la sociedad, generando soluciones innovadoras a problemáticas reales del entorno.

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