Combustibles: El diésel sube en el mundo y baja en Ecuador: ¿quién paga la diferencia?

El país importa casi el 75% del diésel que consume y produce menos crudo que hace dos años, pero el usuario final paga menos. La pregunta que nadie responde con claridad es de dónde salen los recursos para sostener ese alivio

AUSPICIO

Redacción nacional

“Si no hubiéramos intervenido la fórmula, el precio debió subir 38 centavos”, admitió el ministro de Ambiente y Energía, Juan Carlos Blum, en agosto pasado. Con esa frase, el funcionario dejaba al descubierto la paradoja que hoy define el mercado del diésel en Ecuador: mientras el galón promedia los USD 6,32 en Estados Unidos —un 70% más que el año anterior—, en el país andino los usuarios han visto tres rebajas consecutivas (dos centavos en agosto, tres en septiembre y cuatro en octubre). La pregunta de fondo es simple: ¿quién paga la diferencia?

La paradoja del precio

Ecuador vive una contradicción. El diésel sube en el mundo, pero aquí baja en el surtidor. El país importa cerca del 75% de lo que consume y, además, extrae menos crudo que antes. Entonces, ¿cómo se explica que el usuario pague menos?

La respuesta está en una decisión política: el Gobierno interviene la fórmula de cálculo para evitar que el precio suba. Lo hace desde agosto, cuando aplicó un mecanismo “excepcional” que evitó un alza de 38 centavos. Desde entonces, septiembre y octubre trajeron nuevas rebajas. El alivio es real para el bolsillo del ciudadano, pero tiene un costo que alguien debe cubrir.

El ministro Blum reconoció que el mecanismo busca “amortiguar el impacto inflacionario en la economía popular”, aunque no precisó de dónde saldrán los recursos. En Estados Unidos, transportistas y agricultores han encendido las alarmas por el alza del 70% en el galón, lo que muestra la volatilidad del mercado internacional.

Dependencia externa y menos crudo propio

Casi ocho de cada 10 galones de diésel que se consumen en Ecuador vienen de fuera, principalmente desde refinerías del Golfo de México. Los números del Banco Central lo confirman:

  • Entre abril y junio de 2026 se importaron 10 millones de barriles de diésel.
  • El precio pagado fue un 83% más alto que el año anterior.
  • La factura total casi se duplicó.

A esto se suma que Petroecuador bombea unos 25.000 barriles diarios menos que hace dos años. Los campos se agotan, los oleoductos se rompen y los incendios en estaciones de bombeo obligan a cerrar pozos. Menos crudo propio significa menos ingresos para pagar las compras del exterior.

Expertos del sector energético advierten que se trata de un “círculo vicioso: menos crudo propio, más compras externas y menos ingresos fiscales para pagarlas”. El BCE ha alertado en sus informes sobre el peso creciente de la factura energética en la balanza comercial.

El impacto en la vida diaria y el dilema fiscal

El diésel mueve casi todo: los camiones que llevan alimentos a los mercados, los buses interprovinciales, la maquinaria agrícola y los generadores que suplen la crisis eléctrica. Si sube, sube todo. Por eso el Gobierno insiste en mantenerlo barato.

Pero cada centavo de rebaja es un centavo que el Estado deja de recibir o debe cubrir con endeudamiento o recortes. Analistas estiman que cada centavo representa entre 15 y 20 millones de dólares al año. El alivio de hoy puede convertirse en el problema de mañana.

El Ministerio de Economía evita precisar el costo fiscal exacto y asegura que “se evalúa mes a mes”. Un exfuncionario de Energía lo resume: “El problema no es la rebaja, sino la sostenibilidad del esquema en el tiempo”. Los transportistas celebran el alivio inmediato, pero temen un ajuste brusco como el de septiembre de 2025, cuando la eliminación del subsidio histórico desató protestas masivas.

Antecedentes y contexto

El 13 de septiembre de 2025, el régimen eliminó el subsidio que mantenía el galón en 1,80 dólares y lo fijó en 2,80. El país se paralizó con bloqueos y enfrentamientos. Como salida, se creó un esquema de bandas con ajustes mensuales que empezó a regir en diciembre. El precio fue subiendo hasta los 3,25 dólares en junio de 2026. Pero desde agosto, el Gobierno interviene la fórmula para bajarlo.

En paralelo, la crisis eléctrica disparó el uso de generadores a diésel, y el pasaje de bus en Quito subirá a USD 0,40 desde enero de 2027. La infraestructura energética sigue frágil: el incendio en la Refinería de Esmeraldas, que John Reimberg atribuyó a un acto provocado el 3 de junio de 2026, y la reanudación del bombeo del SOTE tras el incendio en Baeza, el 6 de octubre de 2026, son prueba de ello.

La paradoja persiste: el mundo paga más por el diésel y Ecuador lo abarata. La pregunta sigue sin respuesta clara: ¿quién asumirá, finalmente, la diferencia? (I)

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