En una festividad que llama a contemplar a Jesús, María y José, el mensaje subraya la esperanza para los hogares actuales y la importancia de la oración, el diálogo y el perdón.

Redacción nacional
QUITO, 28 de diciembre de 2025. – La Iglesia Católica celebra hoy la Fiesta de la Sagrada Familia, presentando a Jesús, María y José como modelo eterno de vida familiar. En el marco de la Octava de Navidad, esta conmemoración busca ofrecer un mensaje de esperanza y fortaleza a los hogares contemporáneos, destacando que el amor, sustentado por la fe, puede superar las dificultades.
La festividad litúrgica invita a los fieles a contemplar a la Familia de Nazaret no como un ideal abstracto, sino como un ejemplo que también enfrentó carencias y peligros. Según el mensaje difundido para esta jornada, la presencia de Dios en medio de esas pruebas fortaleció su vínculo, convirtiéndolos en un “reflejo de la Trinidad” y en un “cenáculo” del amor verdadero. Esta historia, señala la Iglesia, es una “luz de esperanza” para las realidades familiares actuales, incluso aquellas con ausencias o heridas.
Frente a los desafíos que acechan a la institución familiar, el mensaje propone herramientas concretas. Reconoce que los problemas y desencuentros surgen de la fragilidad humana, pero insiste en que pueden vencerse con “amor, comprensión y perdón”. Se enfatiza la necesidad de un diálogo respetuoso, de escuchar al otro y de mantener una apertura constante a la fe. “No se puede prescindir jamás de la oración familiar”, se subraya, ya que esta práctica sella y fortalece el vínculo entre los miembros.

Esta invitación a la oración en el hogar encuentra un eco autorizado en la figura de San Juan Pablo II. El pontífice, gran promotor de la pastoral familiar, repetía constantemente una máxima que resume el espíritu de esta fiesta: “Familia que reza unida, permanece unida”. Él recomendaba especialmente el rezo del Santo Rosario como una práctica que nutre la espiritualidad y la unidad del núcleo familiar.
La Fiesta de la Sagrada Familia se celebra cada año en el domingo dentro de la Octava de Navidad, vinculando el misterio del Niño Dios con el entorno humano donde creció. Para la doctrina católica, esta celebración refuerza la visión de la familia como la célula fundamental tanto de la sociedad como de la comunidad eclesial, llamada a ser un espacio de crecimiento en el amor y la fe.


