Una parroquia ecuatoriana usa el premio de una reina de belleza para filtrar el lodo que sale de sus grifos mientras espera una solución municipal prometida a inicios de administración

REDACCIÓN CHINCHIPEHOY
El puerto internacional de La Balsa recibe turistas de varios países, pero a pocos minutos de allí, en la cabecera parroquial de Pucapamba, los habitantes beben agua marrón. Ober Valdez, Vocal de la Junta Parroquial, no duda al describirla: «El agua es súper contaminada, baja puro lodo. No se la debe tomar ni consumir».
José Paz, expresidente de la Junta Parroquial, confirma que esta crisis arrastra décadas. «El agua es un recurso vital. Necesitamos acceso al agua potable, un derecho humano que significa dignidad, salud y calidad de vida», sostiene.
En 2023, la administración municipal actual prometió solucionar el problema. El alcalde ofreció traer agua limpia de la vertiente de Uriarango e incluso realizó un recorrido con su equipo hasta el lugar. «Pensábamos que en el primer año de administración ya tendríamos el agua mejor», recuerda Valdez.
Dos años y medio después, el proyecto no avanza. «Ya estamos a más de dos años y no tenemos respuesta de la autoridad», denuncia el vocal. La infraestructura actual se deteriora: un tanque de más de cincuenta años y tuberías que requieren reparación constante.
Frente a la inacción municipal, la Junta Parroquial emprendió una solución propia. Con los cuatro mil dólares que el municipio les otorgó gracias a la participación de su reina en un evento cantonal, más una partida igual que aportarán de su propio presupuesto, construirán filtros y un tanque de reservorio. Esta inversión de un poco más de ocho mil dólares representa un esfuerzo compartido para paliar la emergencia hídrica. Valdez aclara que «no son competencias de la Junta Parroquial», pero la necesidad los obliga a actuar.
Las autoridades municipales no han visitado la fuente de agua de Pucapamba pese a las invitaciones formales. «Los hemos invitado, les hemos pasado oficios. Brillan por la ausencia», afirma Valdez.


Los pobladores atribuyen el abandono a su baja densidad poblacional. «Siempre escuchamos que como en Pucapamba no hay gente, no necesita obras», revela el vocal. Esta percepción se acentúa cuando ven proyectos de agua avanzando en otras zonas como Isimanchi, donde una obra presenta un ochenta por ciento de avance.
Esta negligencia contrasta con obras pasadas que sí se concretaron. El parque de la parroquia, por ejemplo, se construyó gracias a la voluntad política de un ex prefecto. «Cuando hay voluntad política, las obras se hacen», reflexiona José Paz.
La paradoja geográfica resulta evidente. Mientras La Balsa cuenta con sistema de cloración y agua potable, la cabecera parroquial sobrevive con agua lodosa. «¿Cómo la van a tomar los turistas si es agua pura lodo?», se pregunta Valdez.
La solución temporal de los filtros debería implementarse a inicios de 2026, pero los pobladores esperan aún la solución definitiva. «Queremos que las autoridades pongan los ojos en nuestra parroquia», pide Valdez.
José Paz resume el sentir general: «No debe ser así. Debemos ser coherentes e iguales para todos. Pucapamba es la frontera sur y debe estar a la altura que merece».

